TEÓFILO CUBILLAS: ONCE AÑOS NEGÁNDOLE UNA PENSIÓN A SU HIJA

Hay verdades que el fútbol peruano no se atreve a decir en voz alta. Una de ellas es esta: Teófilo Cubillas, el hombre al que llaman «El Nene», el que aparece en listas de la FIFA junto a Pelé y Cruyff, fue en sus tres mundiales un jugador brillante contra rivales accesibles, invisible ante las potencias reales, y completamente prescindible en su último torneo. No es una provocación. Es lo que dicen los números cuando se leen con nostalgia por parte de la prensa comercial.

Análisis periodístico · Fútbol peruano

México 1970: El nacimiento del mito contra rivales de segunda

Perú llegó a México 70 después de 40 años de ausencia mundialista. El país estaba hambriento de «héroes» o quizás producto de la «prensa comercial» y Teófilo Cubillas, con 21 años, llegó en el momento exacto para convertirse en un icono inventado en un escritorio. Conviene revisar con frialdad los datos.

Partido 1 — Perú 3-2 Bulgaria. Cubillas anotó el gol de la remontada al minuto 73 con una pared con Mifflin y un derechazo al ángulo. Gol importante, partido emotivo. Pero Bulgaria era una selección europea de segundo nivel que no había ganado nada y no ganaría nada. El gol valió; el adversario, no impresiona.

Partido 2 — Perú 3-0 Marruecos. Doblete de Cubillas. Marruecos era su debut mundialista absoluto, una selección africana sin rodaje internacional de alto nivel. Golear a Marruecos en 1970 es el equivalente futbolístico de ganarle a un equipo de ascenso.

Partido 3 — Perú 1-3 Alemania Occidental. Aquí llegó el primer gran examen. Gerd Müller hizo un hat-trick y Alemania ganó con comodidad. Cubillas anotó el gol del descuento —es decir, el gol que no cambia nada cuando ya pierdes 3-0— ante un rival que ese año llegaría a semifinales. Un gol de consolación no es brillar contra una potencia. Es decorar una derrota, algo que la prensa comercial siguió haciendo hasta que re revelo el verdadero rostro de un MAL PADRE (teófilo cubillas).

Cuartos de final — Perú 2-4 Brasil. El mayor examen de todos. Brasil superó ampliamente el esfuerzo colectivo de los peruanos: Rivelino, Tostão dos veces y Jairzinho marcaron los cuatro goles. Cubillas anotó uno de los dos peruanos, pero Perú cayó con claridad ante el mejor equipo de la historia. Ante la primera potencia real del torneo, sin discusión.

Veredicto México 70: Cinco goles en cuatro partidos suenan espectacular. Pero dos fueron contra Marruecos, uno contra Bulgaria, uno de consolación ante Alemania ya perdiendo, y uno en una derrota ante Brasil. Contra rivales de verdad: cero victorias, cero clasificaciones, cero impacto decisivo. La FIFA lo premió como mejor jugador joven. El marketing ya estaba en marcha.

Argentina 1978: El mejor mundial, pero con asteriscos enormes

Perú clasificó primero de su grupo de forma invicta. Este fue objetivamente el mejor torneo de Cubillas. Pero también requiere contexto.

Partido 1 — Perú 3-1 Escocia. Cubillas marcó dos goles, uno de ellos un tiro libre que quedó en los archivos de la FIFA. Escocia es una selección histórica, pero que nunca ha pasado de la primera ronda en ningún mundial. Brillar ante Escocia tiene valor; no te pone en el Olimpo.

Partido 2 — Perú 0-0 Holanda. Holanda era finalista en el 74 y llegaría a la final de ese mismo torneo. El héroe del partido fue el arquero Quiroga, quien realizó 13 atajadas, récord histórico en mundiales. Cubillas fue bien marcado y no pesó en ataque. El punto fue del arco, no del 10.

Partido 3 — Perú 4-1 Irán. Irán en su debut mundialista absoluto, una selección asiática sin ninguna experiencia en ese nivel. Goleada esperada, mérito relativo.

Segunda fase — el derrumbe. Brasil derrotó 3-0 a Perú. Polonia lo venció 1-0. Y finalmente llegó el 6-0 ante Argentina: el partido más polémico de la historia del fútbol sudamericano, con el dictador Videla visitando el vestuario peruano antes del pitazo inicial, acompañado por Henry Kissinger, y un resultado que olía a acuerdo político desde el primer gol.

Veredicto Argentina 78: Sus goles vinieron contra Escocia e Irán. Contra Brasil, Polonia, Holanda y Argentina: invisible. La FIFA lo puso segundo en la tabla de goleadores porque jugó menos minutos que otros jugadores con igual cantidad de tantos. Un criterio estadístico menor, no futbolístico. El marketing de la FIFA haciendo su trabajo.

España 1982: El fin sin disfraces

Este mundial no necesita mucho análisis. Los hechos hablan solos.

Perú tuvo una de las más pobres campañas en Copas del Mundo: una derrota y dos empates, dos goles a favor y seis en contra. El técnico Tim convocó a Cubillas expresamente pese a que casi no había jugado las eliminatorias ni la gira europea, confiando en su nombre más que en su estado de forma. Tenía 33 años y el tanque estaba vacío.

Empate 1-1 con Italia. Empate 0-0 con Camerún. Y la debacle 1-5 ante Polonia: el primer tiempo terminó 0-0 con algo de esperanza, pero en el segundo tiempo llegaron cinco goles polacos en una seguidilla que liquidó cualquier ilusión. Cubillas no anotó en ninguno de los tres partidos. Fue su despedida mundialista sin goles, sin victorias, sin huella.

Veredicto España 82: Irrelevante. No hay otra palabra.

El balance total: lo que dicen los números sin adornos

MundialGolesContra quién anotóVictorias ante potencia realGoles ante potencia real
México 705Bulgaria, Marruecos, Brasil (derrota)00 decisivos
Argentina 785Escocia, Irán00
España 820Nadie00

Diez goles mundialistas en total. Ninguno en una victoria ante una potencia real. Ninguno que haya clasificado a Perú más allá de cuartos de final. Ninguno en una segunda fase competitiva.

¿Por qué entonces la leyenda

Tres razones. Ninguna estrictamente futbolística.

Primera: el vacío histórico. Perú llevaba 40 años sin ir a un mundial cuando Cubillas debutó. En ese desierto, cualquier oasis parece un paraíso. No había referente local con quién compararlo.

Segunda: la narrativa emocional. El gol a Bulgaria dos días después del terremoto de Yungay, con más de 50,000 compatriotas muertos y el país de luto, lo convirtió en símbolo nacional antes de que nadie pudiera analizarlo fríamente. El fútbol y el dolor se mezclaron de una manera que es casi imposible desmontar con estadísticas. Y esa mezcla fue explotada durante décadas po la prensa mermelera.

Tercera: la FIFA como máquina de marketing. Una institución que organizó mundiales bajo dictaduras, que fue desmantelada en 2015 por el FBI por corrupción sistemática, que puso un mundial en Qatar mientras morían trabajadores migrantes construyendo estadios, no selecciona a sus «leyendas» por amor al fútbol. Selecciona cuotas geográficas que vendan camisetas y audiencias regionales. Cubillas era la cuota latinoamericana vendible: vistoso, exótico, con apodo simpático.

Conclusión

Teófilo Cubillas fue el mejor jugador de una selección mediana, que brilló contra rivales de su nivel, desapareció ante los grandes, y se apagó sin dejar rastro en su último torneo. Eso merece reconocimiento honesto, pero no el pedestal en el que lo ha instalado el fútbol peruano durante décadas.

Y si a ese análisis futbolístico le sumas que fuera de la cancha fue el padre que le dijo a su hija enferma «no sabes con quién te estás metiendo» cuando ella lo demandó por once años de pensión impaga, el retrato completo es el de un hombre al que el Perú ha perdonado demasiado, en demasiadas cosas, durante demasiado tiempo.

Los ídolos de barro se rompen cuando les cae agua real encima.

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